La llamada del amor
Cuando veo algunas flores abrirse y ofrecer sus intimidades llenas de coloridos, esperando que llegue el insecto que la posea y ayude a completar el ciclo de vida, me entusiasma sin dudarlo.
Desconozco (quizás no debiera declarar mi ignorancia de esta forma tan escandalosa, pero prefiero ser sincero) de que flor se trata, pero muchas veces el ojo del fotógrafo es superior y se ve atraído por una imagen tan bella como esta sin pensar en como se la ha denominado, pues eso solo son cosas de los hombres, y la maravilla que es verla con este esplendor puede a todo lo demás.

Fotografía: Antonio Domingo





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